Cómo Vamos NL tiene dueño: Miguel Treviño
El organismo que se dice “ciudadano” y que evalúa a alcaldes, obedece a intereses personales y políticos.
El debate sobre la imparcialidad de las organizaciones ciudadanas vuelve a ponerse sobre la mesa, y uno de los casos que ha generado cuestionamientos en Nuevo León es el de Cómo Vamos NL y su relación con el ex alcalde de San Pedro, Miguel Treviño.
Durante años, Cómo Vamos Nuevo León se ha presentado como un organismo ciudadano enfocado en la evaluación de gobiernos y el impulso de la rendición de cuentas. Sin embargo, distintas voces han señalado que detrás de esa imagen de independencia podrían existir vínculos personales y políticos que ponen en duda la neutralidad de sus análisis y posicionamientos.
Uno de los aspectos que ha llamado la atención es la relación entre Miguel Treviño y Luis Ávila, director de la plataforma. La conexión entre ambos no es reciente: se remonta a casi dos décadas atrás, cuando Miguel fue profesor de Ávila en el Tecnológico de Monterrey.
Posteriormente, el Consejo Cívico impulsó la creación de Cómo Vamos NL en 2012, proyecto en el que Miguel Treviño participó como fundador. Tiempo después, Luis Ávila se incorporó al organismo y eventualmente asumió la dirección de la plataforma.
Para diversos actores políticos y ex funcionarios municipales, este contexto ha alimentado cuestionamientos sobre la existencia de una verdadera sana distancia entre quienes evalúan y quienes son evaluados.
Las críticas hacia Cómo Vamos NL tampoco son nuevas. Desde sus primeros años, algunos alcaldes metropolitanos manifestaron inconformidades respecto a la metodología empleada para realizar evaluaciones y a la relación que mantenía el organismo con autoridades municipales. Algunos consideraron que el trato era más confrontativo que colaborativo y decidieron tomar distancia de la organización.
Con el paso del tiempo surgió una percepción entre algunos sectores políticos de que la plataforma dejó de ser únicamente un mecanismo de observación ciudadana para convertirse en un actor con capacidad de influir dentro de la agenda pública y política del estado.
Las dudas crecieron durante el proceso electoral de 2018, cuando Miguel Treviño contendió por la alcaldía de San Pedro. Algunos observadores señalaron que las críticas dirigidas hacia la administración encabezada por Mauricio Fernández se intensificaron durante ese periodo.
Posteriormente, ya con Miguel Treviño al frente del municipio, también surgieron cuestionamientos sobre el tono y las evaluaciones emitidas por la plataforma. Diversos críticos señalaron que la administración recibió evaluaciones positivas aun en medio de temas que generaron debate ciudadano, como los problemas de seguridad, las intervenciones urbanas en El Casco, Centrito y Vasconcelos, así como señalamientos relacionados con servicios públicos.
A ello se sumó la participación de funcionarios municipales en eventos y espacios promovidos por Cómo Vamos NL, lo que para algunos reforzó la percepción de una relación cercana entre ambas partes.
La discusión volvió a cobrar fuerza cuando se difundieron imágenes de Miguel Treviño y Luis Ávila conviviendo en un contexto personal y familiar, situación que reavivó el debate sobre los límites que deben existir entre una plataforma ciudadana y las figuras públicas que son objeto de sus evaluaciones.
Más allá de personas o nombres específicos, el fondo del tema parece ser otro: las organizaciones ciudadanas construyen su legitimidad a partir de la confianza pública. Y cuando aparecen dudas sobre posibles conflictos de interés o relaciones personales cercanas, inevitablemente surge una pregunta que en política resulta fundamental: ¿quién vigila a quienes aseguran vigilar al poder?
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